Saelyx empezó con una molestia pequeña, de esas que no dan para quejarse y aun así cansan. Trabajaba con un asistente de programación en la terminal y, para no teclearlo todo, dictaba con Wispr Flow. Dos herramientas buenas, cada una a lo suyo. Entre las dos, un hueco.
Dictar, podía. Hablaba, aparecía el texto, lo mandaba, leía la respuesta y vuelta a empezar. Pero si decía «mira esto de aquí», tocaba explicar qué era «esto», porque al otro lado nadie veía lo que veía yo. Lo que no encontraba era una forma cómoda de trabajar con la voz.
Soy DevOps. En mi trabajo llevo unos cuatro años metido en machine learning y MLOps, hoy como tech lead, y de ahí me viene la costumbre de probar las cosas antes de opinar sobre ellas. Esa costumbre es la que traje a casa.
01El pegamento era yo
Con las reuniones pasaba algo parecido. Iba tomando notas mentales, que es una manera educada de decir que confiaba en acordarme de todo, o me ponía a buscar alguna aplicación de terceros que grabara y resumiera. Otra más, con su cuenta y su resumen en un rincón aparte.
Cada herramienta resolvía su trozo y ninguna sabía de las demás. El pegamento entre todas era yo: dictaba aquí, leía allá, volvía a contar lo que tenía en pantalla, reconstruía de memoria lo que se había dicho en la reunión.
Todavía me acuerdo de esa sensación, la de tener varias cosas abiertas y ninguna enterada de las otras. Se puede vivir así, y viví así un tiempo. Nada grave, nunca. Solo que a veces dejaba de preguntar algo porque explicar el contexto costaba más que seguir sin la respuesta.
02Una sola cosa
Lo que buscaba era una herramienta que juntara todo lo que hago en un día: hablar mientras trabajo, que lo que me escucha vea lo mismo que yo y que las reuniones no vivan en otro sitio. Wispr Flow hace muy bien lo suyo (lo comparo con calma en alternativa a Wispr Flow); lo que me faltaba era todo lo de alrededor.
No vi nada que lo juntara como yo lo necesitaba, así que me puse a hacerlo.
Lo hice para mí y para mi pareja, sin que nadie me lo hubiera pedido. Era un apaño pequeño, a ratos torpe, y lo que me estorbaba lo arreglaba enseguida. Hay algo bueno en hacer una cosa para dos personas: sabes quién la va a usar y no tienes que aparentar nada. Si algo estaba ahí, era porque me había hecho falta.
Ver a otra persona usar algo que has hecho para ti es raro: de pronto notas todo lo que dabas por sabido. Mi pareja tuvo la paciencia de usarlo cuando aún estaba a medio hacer, con sus fallos y todo.
03Unos amigos, y una pregunta
Después se lo enseñé a unos amigos y les sirvió. Es de lo más bonito que me ha pasado con esto: algo hecho para dos servía a unos cuantos más. Sé que los amigos son generosos con lo que haces tú, así que lo tomé con cariño y con cuidado. Aun así, bastó para que me preguntara si aquello merecía ser una aplicación de verdad.
Decidí que sí, y que entonces había que hacerlo bien: un apaño solo tiene que entenderlo quien lo hizo, pero una aplicación tiene que explicarse sola a quien no, y responder de lo que hace.
La hice nativa, primero para Mac y para iPhone. Después hice la de Android, que todavía no se puede descargar. Windows, algún día; no pongo fecha porque prefiero no prometer lo que no sé cumplir.
04Poco a poco
Desde entonces le he ido añadiendo cosas de una en una, casi siempre por la misma razón por la que empezó todo: un día cualquiera me faltaba algo. Hablarle a la terminal acabó siendo una función (lo cuento en terminal por voz). Escuchar las reuniones desde el propio Mac, sin meter un bot en la llamada, otra (sin bot en la reunión). No hay un gran plan detrás: hay una lista de molestias que voy tachando y mucho probar a ver qué pasa. En este blog cuento lo que mido por el camino, y también cuándo me equivoco.
Sigue siendo un proyecto casero. Lo que busco con quien se registra no es hacerme rico: es que la plataforma siga caminando y se mantenga sola, para que esté ahí para mí, para mis amigos y para la gente que me cae bien.
A veces me acuerdo de la primera versión, cuando solo tenía que servir a dos personas y le bastaba con aguantar un día normal. Gracias a mi pareja y a aquellos amigos, que la usaron cuando todavía era un apaño.
05Preguntas frecuentes
¿Quién hace Saelyx?
Lo hago yo, Adianny, desde Madrid. Empezó como una herramienta para mí y para mi pareja.
¿Qué problema quería resolver?
Dejar de hacer de pegamento entre herramientas que no se hablaban: poder hablar mientras trabajo, que lo que me escucha vea lo mismo que yo y que las reuniones no queden en otra aplicación.
¿Habrá versión para Android y para Windows?
La de Android ya está hecha, pero todavía no se puede descargar. La de Windows la quiero hacer algún día, sin fecha. Lo que se puede usar hoy lo digo siempre en la portada.
— Adianny
Sr. DevOps. Llevo unos cuatro años trabajando con machine learning y MLOps, hoy como tech lead; Saelyx es mi proyecto de casa.